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Iglesia de Cristo en Constituyentes.

Iglesia de Cristo en Constituyentes.

Lorenzo Luévano

La iglesia de Cristo en Juárez le invita a sus actividades en la calle Juan J. Méndez 7744, Colonia Constituyentes, en Ciudad Juárez, Chihuahua, México. Domingos 10 de la mañana.

98 - La ciudad restaurada necesitaba un pueblo comprometido (Nehemías 11:1-36)
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  • 98 - La ciudad restaurada necesitaba un pueblo comprometido (Nehemías 11:1-36)

    La obra de restauración requería personas. Jerusalén necesitaba gobernantes que asumieran su responsabilidad, familias dispuestas a trasladarse, hombres valientes capaces de defenderla, sacerdotes que atendieran el servicio del templo, levitas que cumplieran sus diferentes funciones, cantores que dirigieran la alabanza y porteros que custodiaran las puertas. Además, fuera de Jerusalén continuaban existiendo ciudades y aldeas donde otros israelitas debían permanecer fieles en el lugar que les correspondía.

    Por eso quiero que estudiemos Nehemías 11 bajo esta afirmación. La ciudad restaurada necesitaba un pueblo comprometido.

    Así, aunque los lugares fueran diferentes y las responsabilidades también lo fueran, todos formaban parte de una misma obra.

    Tue, 29 Sep 2026 - 1h 05min
  • 97 - El compromiso del pacto 3 (Nehemías 10:32-39)

    Al avanzar por estos versículos observaremos el propósito de las contribuciones, la participación del pueblo, la prioridad expresada mediante las primicias, la generosidad conforme al pacto y, finalmente, aquella declaración que resume todo el compromiso de esta sección, cuando el pueblo dijo: “Y no abandonaremos la casa de nuestro Dios” (Nehemías 10:39). Con esa expresión delante de nosotros, consideremos las enseñanzas espirituales de este capítulo.

    Sun, 13 Sep 2026 - 48min
  • 96 - El compromiso del pacto 2 (Nehemías 10:30-39)

    Hermanos, en nuestro mensaje anterior comenzamos a considerar el compromiso que el pueblo de Jerusalén asumió delante de Jehová. Después de escuchar extensamente la Palabra de Dios, reconocer la santidad del Señor, recordar su historia y confesar sus pecados, aquellos hombres y mujeres comprendieron que su renovación espiritual debía manifestarse en decisiones concretas.

    Habían llegado a un momento decisivo. Podían terminar aquella reunión profundamente emocionados, regresar a sus casas y conservar un hermoso recuerdo de lo sucedido, mientras poco a poco todo volvía a ser como antes. Pero ellos entendieron que la Palabra de Dios reclamaba algo más profundo. La convicción debía conducir al arrepentimiento, y el arrepentimiento debía producir una transformación visible en la manera de vivir.

    Precisamente por eso Nehemías 9 termina diciendo, “A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes” (Nehemías 9:38).

    En la primera parte de Nehemías 10 vimos quiénes asumieron aquel compromiso. Nehemías aparece entre los primeros, seguido por sacerdotes, levitas, dirigentes y representantes del pueblo. Después, en Nehemías 10:28–29, encontramos al resto de la comunidad uniéndose voluntariamente a aquella determinación.

    Pero todavía quedaba una pregunta fundamental. ¿En qué consistía concretamente su compromiso?

    Decir “queremos obedecer a Dios” puede sonar muy hermoso. El verdadero peso de semejante declaración aparece cuando comenzamos a identificar aquello que tendrá que cambiar en nuestra vida para que esa obediencia sea real. Es relativamente fácil afirmar que amamos al Señor. La prueba llega cuando su voluntad entra en contacto con nuestros afectos, nuestras relaciones, nuestros negocios, nuestro dinero, nuestro tiempo y nuestras prioridades.

    Eso es precisamente lo que encontramos en los versículos treinta al treinta y nueve.

    El pueblo comenzó a identificar áreas específicas donde las generaciones anteriores habían fallado y decidió ordenar su conducta conforme a la ley de Dios. El pacto dejó de ser una declaración general y comenzó a tocar aspectos concretos de la vida cotidiana.

    Así ocurre también con nosotros. Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

    El amor hacia Dios encuentra expresión en la obediencia. Por eso, al estudiar esta segunda parte de El compromiso del pacto, observaremos cómo aquella determinación alcanzó las relaciones familiares, la vida económica, el culto y las responsabilidades que sostenían el servicio de Dios.

    Wed, 02 Sep 2026 - 56min
  • 95 - El compromiso del pacto (Nehemías 10:1-29)

    Llegamos ahora al capítulo diez de Nehemías, pero para comprender adecuadamente lo que sucede aquí necesitamos recordar las últimas palabras del capítulo anterior. La división entre capítulos resulta útil para localizar los textos, aunque en este caso puede hacernos perder de vista que Nehemías 10 continúa directamente lo ocurrido en Nehemías 9.

    Después de aquella extensa oración, después de recordar la fidelidad de Dios y la infidelidad de Israel, después de confesar públicamente sus pecados y reconocer que Jehová había sido justo en todo cuanto había venido sobre ellos, el pueblo llegó a una decisión concreta. Nehemías 9:38 dice: «A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes» (Nehemías 9:38).

    La expresión «a causa, pues, de todo esto» es fundamental. El compromiso que encontraremos en el capítulo diez no apareció repentinamente. Había detrás de él todo un proceso espiritual. El pueblo había escuchado la Palabra de Dios, había comprendido su historia a la luz de esa Palabra, había reconocido sus pecados, había confesado la justicia del Señor y había experimentado un profundo quebrantamiento.

    Ahora había llegado el momento de actuar.

    Y aquí encontramos una característica indispensable del verdadero arrepentimiento. Cuando la Palabra de Dios penetra seriamente en el corazón, termina produciendo decisiones. Una persona puede emocionarse durante una exposición bíblica, puede conmoverse durante una oración y hasta puede reconocer intelectualmente que necesita cambiar, pero llegará inevitablemente el momento en que deberá decidir qué hará con aquello que ha comprendido.

    Santiago escribió: «Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos» (Santiago 1:22).

    El pueblo de Jerusalén había oído. Había llorado. Había confesado. Ahora estaba dispuesto a obedecer.

    El capítulo diez registra precisamente esa determinación. Encontraremos nombres que, a primera vista, quizá parezcan poco interesantes. Sin embargo, esos nombres poseen una importancia extraordinaria, porque representan personas reales que estuvieron dispuestas a asociarse públicamente con el compromiso asumido delante de Jehová. No quisieron que aquella renovación espiritual quedara reducida al recuerdo de una reunión emocionante. Estaban dispuestos a comprometer su nombre, su conducta, sus familias y su futuro con la voluntad de Dios.

    Consideremos, entonces, esta primera parte de Nehemías capítulo diez bajo el tema El compromiso del pacto.

    Mon, 17 Aug 2026 - 56min
  • 94 - La corrupción y conquista de Canaán (Nehemías 9:22-31)

    Al continuar nuestro recorrido por la gran oración de Nehemías capítulo nueve, llegamos a una parte del texto que es tan gloriosa como solemne. Hasta este momento hemos visto al pueblo recordar la elección de Abraham, la liberación de Egipto, la travesía por el desierto y la extraordinaria paciencia de Dios frente a la constante rebeldía de Israel. Ahora el pueblo dirige la mirada hacia Canaán. Y al hacerlo, contempla dos realidades que corren paralelas a lo largo de toda su historia. Por un lado, la inmensa bondad de Dios. Por otro lado, la constante tendencia del hombre a apartarse de Él. Porque, hermanos, la historia de Canaán es la historia de una tierra de abundancia que terminó convertida en un escenario de corrupción espiritual. Es la historia de un pueblo que recibió bendiciones extraordinarias, pero que gradualmente olvidó al Dios que las había dado.

    Y si somos sinceros, esta historia no es tan antigua ni tanajena como pudiera parecer. Porque el corazón humano no ha cambiado. Todavía somos capaces de disfrutar las bendiciones de Dios y olvidar al Dador. Todavía somos capaces de recibir misericordia y responder con indiferencia. Todavía somos capaces de experimentar abundancia espiritual y, al mismo tiempo, permitir que la apatía se instale en el alma.

    Por eso este pasaje es tan importante. Porque nos obliga a preguntarnos si estamos usando las bendiciones de Dios para acercarnos más a Él o si, por el contrario, las estamos convirtiendo en una excusa para depender menos de Él. Consideremos entonces este pasaje bajo el título, laconquista y la corrupción en Canaán.

    Tue, 16 Jun 2026 - 52min
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